La intención inicial de este blog era construir entre todos un lugar de referencia para consultar cuando busquemos un lugar adecuado para disfrutar en familia.
Además desde hoy compartiré algunos de mis sentimientos por la leucemia

1 mar 2014

Sabor agridulce de caramelo


En la montaña se me vienen los recuerdos duros y ásperos.
Mano con mano, corazón encogido, paredes rosas y batas verdes. Botones y agujas, tiritas que tapan, caramelos que curan.
Un sueño azul, eso dicen, eso le cuento. Con Mickey y con Donald a jugar un rato. Yo te espero aquí mismo, con tus ositos, caramelos blandos y también con los duros.

Goteros que pitan, noche y día, día tras día. Agujas que vienen y me clavan por dentro, no lo sabía.

Horas eternas, espera en la sala, los resultados que no llegan, las horas se alargan.
Mi pequeño se fue para traer a mi niño, más grande, más pillo, y más consentido.

Resistente, robusto y espontáneo, abierto a cualquiera que quiera pararse.
Su nombre y sus años repite a unos y a otros, y de paso si cae, un caramelo les pide.

Todos cambiamos, todos crecimos, tras rompernos en dos, que digo, en mil pedazos. Trocito a trocito los vamos pegando y al final nos quedará un bonito trabajo.
La lucha sin freno, el trabajo constante, nos hacen marchar siempre adelante.
Un paso tras otro, un día tras otro.
Sumamos avances y multiplicamos ilusiones, que se cumplen porque somos constantes.

28 feb 2014

MARCHA EN LA MONTAÑA


7 de marzo 2013

Han transcurrido 2 años del fatídico desenlace de la leucemia. Echo la vista atrás y veo que he subido una montaña muy alta, pero mucho, mucho. Aún nos queda camino, sorpresas, cansancio y muchas satisfacciones.
¿Por qué subimos una montaña? ¿Qué nos impulsa a hacerlo? Una mezcla de amor propio, un toque de naturaleza, otro de alma aventurera, algo de niño y necesidad de sentir sed.
Gracias a Dios y a quienes nos hicieron fuertes sabemos levantarnos una y otra vez, un pie después del otro, una mano para pedir ayuda, una voz con la que aullar a la luna.
Pero no subimos solos la montaña, lo hacemos en familia, acompañados por las imprescindibles risas de nuestros niños, almas benditas, ángeles sanadores, más fuertes que ninguno de nosotros.
Cuando falla el aliento a mitad de montaña ¿por qué no buscar huellas de enanitos? ¿O fresas diminutas o hadas que juegan al escondite?
Hablar claro, con palabras o con hechos.
Un ramo de flores, carcajadas de esas que mueven 400 músculos y hasta se te escapa el pis.
Una taza de té con frutos rojos, caliente, aromática, en compañía silenciosa de esa mecedora.
Luz que entra por la ventana tras una semana de nubarrones.
Besos, más y más besos, pegajosos, risueños, malosos, de rana, de vaca, de mordisco. Los atesoro. Mejor que vitaminas.
Caricias por wassap, chistes malos en un momento determinado, una sonrisa cómplice. Dos palabras que sin decirte nada lo dicen todo.
Momento sofá y manta, cojín incluido, con una película tierna y cómica.
Esas pipas y ese bollo a escondidas mientras todos duermen-
Su sonrisa, tres iguales y tan distintas, hinchan mi corazón, ensanchan mis pulmones, iluminan mis ojos y me anudan la garganta.
Libros con frases destacables, hilos conductores que redirigen tus pesos con equilibrio.
Visiones luminosas, palabras, optimismo, positividad, apoyo, descanso, fe, confianza.
Ejemplo, esfuerzo, lucha. Tesón, humor, sencillez, chocolate.
Lágrimas, soplidos, chirriar de dientes, uñas y pelos, confianza de nuevo.








13 marzo 2011



Eso no era nada con lo que nos ha venido después. Por favor, sácalo de este estado. Devuélveme a mi niño, POR FAVOR.


CÚRALO,SÁNALO, SÁLVALO, es mi mantra durante los días en la UCI.